lunes, 19 de marzo de 2018

III


Finalmente lo había logrado. Después de todo un mes, finalmente había regresado a este lugar. No lo podía creer. Todos esos días que pasé buscando una oportunidad, todas esas noches en las que mi libertad no era más que un anhelo... toda la humillación que he tenido que soportar... Pese a toda esa furia que sentía de tan sólo recordar, era inevitable sonreír. Al fin había llegado el momento; mi segunda oportunidad.

Era de madrugada. Él descansaba tranquilamente en su habitación sin sospechar que yo estaba aquí, sin saber que había burlado todas sus incompetentes defensas. Qué ser tan estúpido. 

No lo volvería a ver jamás.

Lo tenía frente a mí. Qué gran satisfacción era el tenerlo tan cerca, saber que podía volver a tocarlo... pero dudaba en hacerlo. La última vez que estuve aquí, todo salió muy mal. Me había confiado y, cuando fallé, cuando presioné aquel botón... Perdí la visión y las fuerzas al instante. No podía respirar. Una desesperación insufrible mientras dejaba de ser uno con mi cuerpoLlegar con tanta facilidad aquella vez fue pura suerte. Debí saber que era demasiado bueno para ser verdad. 

Pero ese bastardo no me dejó morir. Era su forma de castigarme.

"¡Prefiero la muerte!" Se lo dije desde que empezó toda esta pesadilla. Hablaba muy en serio en aquel momento, pero ahora... ¿por qué no podía aceptarlo?

Abrir la caja no fue gran cosa. Desatornillé gracias a un trozo de navaja oxidada. El verdadero reto era saber qué demonios hacía cada cable. Era una jungla ahí dentro. Sabía que muchos de ellos eran ornamentales, lo hizo para jugar conmigo. Definitivamente jamás me ganaría su confianza. Por qué de hacerlo. 

Pero entonces, él sí contaba con que llegara tan lejos...

Sacudí la cabeza, no era momento para eso. Fui tan cuidadoso como pude, cortando tanto cable se asomaba por mi camino, con el temor de que alguno activara alguna clase de alarma, emitiera alguna luz o algún ruido, no lo sé. Y claro, que alguno de ellos fuera aquel cable que podía hacer la diferencia. Sólo necesitaba inutilizar el aparato el tiempo suficiente, el tiempo que me tomara matarlo. 

- ¡Qué haces aquí!

Escuchar esa voz, en este momento, en este lugar...

- ¿Qué haces tú aquí? - Repliqué entre dientes, soltando los cables y saliendo de ahí, soltando una gran exhalación. No era momento para perder el control. 

No. Un sueño de tantos meses no se iría a la basura por un descuido. Mejor dicho, por algo tan estúpido.

- Monto guardia. ¿Qué más haría aquí? - Era la primera vez que escuchaba esa voz con ese tono. Tan serio, tan molesto. 

Mejor dicho, era la primera vez que se atrevía a hablarme de esa manera.

- ¿Y desde cuándo es tu trabajo montar guardia? - Exclamé furioso. De todas las noches... ¡Desde cuándo él decidió que sería buena idea darle ese puesto!

Maldita sea. 

- ¿Qué hacías con esos cables? 

- A mí nadie me dijo nada de un cambio de turno. - Interrumpí, lanzándolos a un lado y acercándome con suma impaciencia mientras daba un puñetazo contra la gran caja de acero.

Se atrevió a desenfundar su arma.

- ¡Ja! ¿Tú vas a pelear conmigo? - Mi ira se disipó por unos momentos. No asumí posición de combate. - No tengo tiempo para tus bromas. Vete de aquí.

Pero ya no me haría caso. Apenas pude distinguir que traía su armadura puesta, incluyendo el casco, lo que significaba que sabía de antemano que se encontraría con alguien en esta sala. Es decir, sabía que me encontraría a mí.

Maldición. ¿Qué estaba sucediendo? ¿Acaso volví a caer en una trampa? ¿Pero qué ganaba mandándola a ella? No lo entiendo. No sabía qué hacer. No podía pensar con claridad y no tenía mucho tiempo. Temía que en cualquier momento se activaran las defensas de la base. O peor aún; que él despertara.

- ¡Qué imbécil fui al confiar en ti! - Su voz sonaba indignada, y ni bien terminó su oración, había blandido su espada contra mí.

Retrocedí dando un gran salto, sin haber recibido el daño.

- ¡Idiota! ¿Es esa a la conclusión a la que llegas? - Si antes sólo me resultaba molesta, ahora sí me había hecho enfurecer. - Si te lo dijera, igual no me creerías. - Pero apenas pude dar media vuelta para verla. Me pateó en el estómago, mandándome a volar fuera de la habitación.

Me había tomado por sorpresa. Me apoyé sobre mi brazo, con una mano contra mi estómago.

- No hacía nada en contra de tu preciada "misión."

Se acercaba a paso firme. La gran puerta de la sala se cerraba a sus espaldas. Intenté correr hacia ella pero nuevamente me derribó contra el suelo de un puñetazo en mi rostro. Regresé a verla sin poder creerlo, mi mano contra mi mejilla. En verdad estaba peleando en serio. 

Se había cerrado. No había tenido la oportunidad de revisarlo, de probarlo, de asegurarme de que ya no funcionara. ¿Qué pasaría si fallaba ahora? Era la primera vez en mi vida que me sentía tan frustrado.  

Me levanté.

- Felicidades, Miracle. - Dije con voz calma mientras aplaudía. Retrocedía un paso por cada uno que yo daba. - ¡Ahora sí estoy furioso!  

Un combate, un maldito combate fue lo único que conseguí aquella noche. En fin que ya se había hecho rutina en mi maldita vida. 

Ninguno de sus golpes acertaba. Pese a que detuve la mano con la que sujetaba la espada, no paró de lanzar puñetazos hasta que le di uno en el estómago. Quedó sin aire y, de una patada en la barbilla, cayó contra el suelo. Frené de golpe.

- ¡Cobarde! 

Había activado la alarma. Se escuchaba por toda la base. Pronto estaría infestada de armas de fuego y sus guardias mecanizados, superiores a sus patéticos badniks. Era momento de huir. 

Cometí un grave error al dejarla vivir.

No tuve problema alguno en salir de ahí, pero eso ya no importaba. Ya no importaba nada. Estuviera donde estuviera, jamás estaría a salvo. 

Me había perdido en el bosque. Me dejé caer de rodillas, mi mano contra mi pecho, aferrado. Inhalaba con dificultad. No podía soportar esta sensación. No podía aceptarlo. Estaba tan cerca, tan estúpidamente cerca...

Enloquecí al verla. 

- Hasta que finalmente el profesor te obsequió algo útil. - El modelo de sus propulsores era muy parecido al mío. No pensé que gastaría su tiempo de esta manera. - Jamás podrás ser tan rápida como yo. 

- No necesito ser más rápida.

- Tal vez... ¡Pero necesitas ser mejor que yo! - Asumí posición de combate. - Lástima que no te dio algo que te quitara lo estúpida.

- ¡Y a ti lo arrogante! 

Corrí hacia ella. No quería volver a saber nada sobre ella, sobre el profesor, sobre nadie. Ni de mí mismo.

- ¡Él sólo te está usando! 

Se paró firmemente, sujetando el mango con suma firmeza, apuntándome al pecho mientras yo seguía acercándome a toda velocidad. Gruñó al escuchar mis palabras.

- ¿Por qué no puedes confiar en nosotros? 

Inesperadamente, la espada comenzó a brillar. Una llamarada azul la envolvía, furiosa, concentrándose en la punta. 

El viento no paraba de susurrarme, de burlarse. La tierra... se sentía tan helada... y aquella ráfaga, aquella sensación de dolor insufrible... Volvía a suceder...

El tiempo se había congelado. Podía escuchar el tic-tac de mi corazón. Yo intenté frenar y ella bajar el arma. Nuestras miradas se cruzaron una última vez. Su culpa, mi arrebato. Qué idiota.

Mi cuerpo se había rendido. Después de casi tres meses, volvía a enfrentarme a ese poder maldito. Era la segunda vez que perdía.

Era demasiado tarde. Siempre sucedía así con aquella maldita espada...

¿De dónde obtenían ese poder? ¿Por qué cada vez eran más? ¿Cómo lo había obtenido ella? Ya no importaba. Si ella no acababa con mi vida ahora, él lo haría...

Hubo una gran explosión.

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*19/03/2018
- Sam

3 comentarios:

  1. No sé si soy yo o eres tú o somos las dos que siempre termino más confundida que un caracol en un maratón (?) En fin, muy buen capi, muyyyyyy intigante (>-<) Pero eso le da sabor al caldo (?)
    Besos!(Dora)

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  2. cada vez que creo haber comprendido que es lo que pasa, sigues narrando más cosas que no comprendo D8< eres demasiado intrigante sam x'DD pero me encanta la historia *-* aunque durante las proximas semanas quizá no pueda seguir leyendo tu historia D'8
    en fin, está super cool!! .*-* espero el siguiente con ansias >w<

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